Entendemos la neurorehabilitación como un proceso de reorganización de un mismo, de reaprendizaje y reajuste personal ( corporal, emocional, comunicativo, de vivencia de un mismo) y social (relaciones con los otros, ocio, trabajo...) que se ofrece a una persona y a su entorno familiar inmediato tras haber sufrido algún tipo de daño cerebral adquirido (DCA).
Nuestro modelo de rehabilitación, y nuestra herramienta de trabajo transdisciplinar, gira en torno al concepto de Estimulación Basal®. Su creador, el pedagogo Andreas Fröhlich, la define como “una manera de potenciación de la comunicación, interacción y desarrollo orientada en todas sus áreas a las necesidades básicas del ser humano”. Parte de la base que, desde el nacimiento y hasta la muerte, son posibles y tienen sentido nuevos procesos de desarrollo a pesar de las graves limitaciones que pueda tener una persona. Adaptando estas ideas, creemos que la neurorehabilitación es un derecho que tiene cualquier paciente a pesar de su diagnóstico o pronóstico.
“Todo el mundo puede aprender, pero nadie puede aprenderlo todo”. A partir de esta premisa, en nuestro trabajo con el afectado, intentamos construir situaciones de aprendizaje, en las cuales el contacto físico y la proximidad corporal sean los medios centrales que nos permitan el encuentro con el otro, independientemente de su coeficiente intelectual, nivel de actividad y capacidad comunicativa simbólica. Consideramos el desarrollo humano como un hecho global y, por consiguiente, en todas nuestras sesiones intentamos tener presentes los aspectos vinculados a la percepción, comunicación, cognición, experiencia social, experiencia corporal, emoción y movimiento. Entendemos la rehabilitación como un proceso de acompañamiento en el camino vital del afectado y, por ello, centramos nuestros tratamientos en torno a las necesidades y capacidades de los afectados y sus familias.
Modelo Affolter: una herramienta básica en el trabajo interdisciplinar de la UEN
El modelo Affolter es importante para nuestro equipo de trabajo porque nos sirve para reforzar la idea de nuestro modelo rehabilitador: el cuerpo es el punto de partida para el desarrollo de una persona. Un aprendizaje se afianza mejor si se da a partir del contacto y el movimiento que si se centra en informaciones verbales.
Este modelo, desarrollado por la psicóloga y maestra Félice Affolter, considera que las raíces del desarrollo se encuentran en la buena evolución del sistema táctil-quinestésico. Este sistema es el que permite la interacción con el entorno y, por lo tanto, es la base para aprender y comprender. Cuando hay un DCA, estas raíces se “desorganizan” y, por lo tanto, para que el afectado pueda “tomar (coger) y, en consecuencia, comprender”, habrá que ayudarlo de nuevo a reorganizar la información sensitiva. Es decir, si mejoramos las fuentes de información sensitiva mejoraremos el rendimiento del paciente a otros niveles (motriz, cognitivo, praxias, etc.).
Este modelo trabaja exclusivamente a partir de las actividades de la vida diaria, ofreciendo así un hilo conductor lleno de sentido para el paciente durante la sesión.
Todo el equipo ha recibido formación en el modelo Affolter, lo cual hace que profesionales de diferentes disciplinas puedan compartir una misma sesión terapéutica de manera muy eficaz.
